Tuesday, October 4
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Tu perro NO ES un primate (cuidado y rescate de perros)

 

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Título: Tu perro NO ES un primate
Autora: Clea Saal
Nació: 25 de diciembre de 2021
Tema: Rescate y cuidado de perros
Formato: Tapa blanda/Kindle
Páginas: 136 páginas
Idioma: español
ISBN: 979-8458921664
Precio: $9.95 (tapa blanda) $7.75 (Kindle)
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1. Tu perro no es un primate

Sí, lo sé, la frase ‘tu perro no es un primate’ debería ser archivada en la letra ‘P’, no por ‘perro’ sino por ‘por supuesto’. En otras palabras, soy plenamente consciente de que lo que estoy diciendo es algo que resulta evidente. ¿Sabes cuál es el problema con las cosas que resultan francamente evidentes? Que en la mayoría de los casos las damos por sentadas, y que rara vez nos paramos a considerar qué es lo que realmente significan, pero antes de seguir, va una pequeña advertencia:

Éste no es un libro destinado a ayudarte a entrenar a tu perro. De hecho si conocieras a mis perros sabrías que tan risible es la idea de que yo escriba un libro sobre ese tema. Créeme, ‘obediente’ no es la primera palabra que te va a venir a la mente al momento de conocerlos (y tampoco es la segunda, ni la tercera). Entonces, ¿qué rayos es la cosa esta? Es un intento de ayudarte a comprender en una forma simple como piensa y reacciona tu perro que fue escrito por alguien que ama a los perros, pero que no es un experto en la materia. No tengo ningún estudio en este campo, y tampoco puedo presumir de título alguno.Y ahora que la advertencia de rigor ha quedado atrás, pasemos al tema que nos concierne: ¿Qué implica el hecho de que tu perro no sea un primate? A primera vista la pregunta no parece siquiera tener sentido, y el releerla no ayuda demasiado, pero a fin de cuentas el hecho de que nosotros seamos primates, y nuestros perros no, significa que existen algunas diferencias fundamentales entre nosotros, diferencias que son absolutamente ineludibles.

Mírate al espejo, y después observa con detenimiento a tu perro. ¿Notas alguna diferencia? Probablemente el hecho de que, a pesar del gran amor que nos une, nuestras anatomías son fundamentalmente diferentes. Nosotros tenemos dos brazos y dos piernas, los perros tienen cuatro patas. Nosotros tenemos manos capaces de aferrarse a objetos, y pulgares oponibles, nuestros perros no. Una vez más te puede parecer que lo que estoy señalando es algo obvio, pero pasemos a cosas que no lo son. De hecho concentrémonos en una pregunta que no parece tener nada que ver con este tema: ¿cómo expresamos nuestro afecto? Y en ese punto una de las primeras cosas que nos vienen a la mente son los abrazos.

Se trata de una conducta instintiva que predata por mucho la aparición de nuestra especie. Los primates en general llevamos a nuestros hijos a nuestros pechos para amamantarlos; ellos se aferran a nosotros en busca de seguridad, calor y transporte (o al menos lo hacían cuando nuestros ancestros contaban con un pelaje del cual podían aferrarse); nos sentimos reconfortados al estar en los brazos de nuestros seres queridos, y abrazamos a otros cuando queremos ofrecer consuelo y seguridad. Es lo que hacemos, es la forma en la que estamos programados. ¿Sabes qué es lo que necesitas para poder abrazar a alguien? Necesitas brazos, y manos capaces de aferrarse, las cuales son cosas que tu perro no tiene. En otras palabras, se trata de una de esas cosas que nos llevan una vez más a esas diferencias anatómicas fundamentales que mencioné anteriormente. ¿El resultado? Que si bien los abrazos son la cosa más natural del mundo desde nuestra perspectiva, algo que hacemos sin pensarlo dos veces, y que no se nos ocurriría siquiera cuestionar, lo que solemos pasar por alto es que para nuestros perros el ser abrazados no es algo natural. No es algo que anhelan, no es una parte integral de su naturaleza.

Por supuesto, un perro que ha sido abrazado en forma cotidiana desde que era un cachorro no solo va a aprender a tolerar este tipo de contacto, sino que probablemente va a llegar incluso a disfrutarlo (o al menos ese es el caso con la mayoría de los perros), pero si piensas qué es lo que implica para un perro el ser abrazado a un nivel instintivo, la respuesta es algo cercano a estar atrapado en las garras de un depredador. Un abrazo no es algo que tu perro estaba acostumbrado a recibir de su mamá, y es ahí precisamente donde nos podemos meter en problemas, especialmente ahora que ‘adopta, no compres’ se ha tornado en una especie de grito de guerra ético.

No me malinterpretes, lo último que quiero hacer es desalentar a aquellos que están en condiciones de darle un buen hogar a un perro abandonado, y convencerlos de que no lo hagan, pero tenemos que ser conscientes de que frecuentemente cuando adoptamos un perro adulto con lo que nos vamos a encontrar es con un animal que no fue correctamente socializado cuando era un cachorro entre manos. Esto no es un problema insuperable, ni remotamente, y estos perros pueden tornarse en verdaderas gemas (incluso en gemas que buscan desesperadamente un abrazo), pero es importante que tengamos en cuenta que no son cachorros. Sus personalidades no son tan maleables, y algunas conductas instintivas pueden ser difíciles de eliminar, situación que puede llegar a dar pie a incidentes desafortunados… muy desafortunados.

Deja que te dé un ejemplo perfectamente ordinario: acabas de adoptar a un perro. Es absolutamente maravilloso, todo lo que podías desear, y estás totalmente enamorado de él. Es una verdadera dulzura. También tienes un hijo de cinco años que es demasiado pequeño para comprender que el hecho de que él quiere abrazar al perro no necesariamente significa que el perro quiere ser abrazado por él. No es así como funciona la mente de los niños, no a esa edad, y el chiquilín se torna demasiado insistente. Agrégale a eso que a esa edad un niño difícilmente va tener la perspicacia necesaria para leer correctamente el lenguaje corporal del perro, y para darse cuenta de que hay en él una creciente tensión, y lo que tienes en tus manos es una receta para el desastre. Los padres ven que su hijo está siendo cariñoso, y pueden incluso alentar esa conducta; el niño resulta mordido, y el perro es el culpable. Es un mal perro, no se puede confiar en él. Debe ser castigado, y por lo tanto es enviado de regreso al refugio, abandonado, o directamente sacrificado como una amenaza.

Se trata de una secuencia de eventos que desgraciadamente resulta relativamente común… y también de una que se deriva en buena medida de nuestra propia incapacidad para reconocer el hecho de que nuestros perros no son primates, y que sus cuerpos y reacciones instintivas difieren de los nuestros a un nivel fundamental… y también es un tipo de situación que se torna más frecuente ante las expectativas poco realistas de las familias con poca experiencia que adoptan un perro basados en las imágenes excesivamente optimistas de animales rescatados que son propagadas por los medios de comunicación y las redes sociales, donde vemos el antes y el después, pero no el en medio.

Sí, el tener un perro, y en especial el rescatar a uno, es una de las experiencias más maravillosas que puedes tener. El ver el cambio en la mirada de un perro adulto, y el saber que es gracias a ti que ese animal recibió una segunda oportunidad bien vale la pena, pero también puede representar todo un desafío.

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No es como hacer click en un interruptor, ¿y el trabajo que ello implica? Eso es algo de lo que no se habla lo suficiente. Es algo que los dueños responsables dan por sentado, y que a los irresponsables los tiene sin cuidado. El problema es que frecuentemente con lo que nos topamos es con dueños inexpertos que tienen el potencial de ser excelentes, pero que tienen también una serie de expectativas muy poco realistas; nuevos dueños que han leído demasiadas historias alentadoras de esas que están destinadas a restaurar nuestra fe en la humanidad, y que adoptan a un perro adulto con la expectativa de que va a haber una conexión instantánea entre ellos, y eso es sin mencionar siquiera que esperan que el perro que están llevando a casa va a ser uno que está no solo entrenado, sino también perfectamente socializado, cuando en realidad lo que tienen en sus manos es una maquina de demoler sofás sin el más mínimo autocontrol, y esos… esos son los dueños potenciales que se pueden acabar sintiendo abrumados a pesar de sus buenas intenciones. Esos son los que necesitan una advertencia a tiempo, y también ser tranquilizados respecto al hecho de que las dificultades que enfrentan son normales, que no es que ‘están haciendo algo mal’, o que son ‘malos dueños’, y que hay una luz al final del túnel.

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